Skitergia

Parametrizando el mundo



La vergí¼enza nacional y el #estadoDelMalestar

by Skiter on 7 septiembre, 2011

La naturaleza se equilibraba a si misma…
…hasta que el hombre inventó las subvenciones

 

A raí­z de un ví­deo  que me ha llegado hoy ví­a los de “el estado del malestar” sobre la reciente reforma de la constitución en pro de las limitaciones del endeudamiento público, me ha vuelto a dar vueltas a la cabeza el cabreo y la vergí¼enza ajena nacional que siento. Somos un paí­s de alfeñiques, niñatos y señoritos (y sus correspondientes femeninos), que nos hemos creí­do eso de “el estado del bienestar” como un derecho básico, cuando en realidad es, o deberí­a ser,  un premio añadido al esfuerzo y las buenas prácticas responsables.

Estamos mal acostumbrados a la protección social, a las subvenciones, a que papá estado nos saque las castañas del fuego con ayudas y, básicamente, dinero. A la hora de cobrar, todos ponemos la mano, pero para pagar, todos intentamos escaquearnos. Y así­ nos vá.

Estoy en contra de la reforma de la constitución realizada, porque no hací­a falta, porque se deberí­a haber hecho en referéndum, y porque las ansias y las prisas eran más de cara a la galerí­a (franco-alemana) que de cara al pueblo y a los polí­ticos, que seguro que se las terminan apañando para saltarse la norma.

Pero por otro lado, estoy completamente a favor. No podemos pretender que nos sigan prestando dinero si no damos muestras de confianza dignas de merecerse la confianza reciproca. A ver quien es el “majete” que invierte en un pais que no paga sus deudas, se endeuda más y más para pagarle una renta mensual a los vagos y los peleles, que no se esfuerza en hacer las cosas bien y, sobre todo, que no aprende ni a tortas.

Me pareció muy ilustrativo la explicación de la “Muerte y resurrección de Keynes“, donde se demuestra que dentro del ámbito del euro, regulados de forma conglomerada con el resto de paises de la UE, y bajo cirunstancias adversas como la actual crisis, nuestra única salida habrí­a sido tener una producción fuerte y unos “ahorros” suficientes para aguantar el tirón. Pero no los tenemos. En épocas de bonanza no nos hemos preparado, como la cigarra y la hormiga (version “española“). Ahora o nos jodemos, o aceptamos las reglas que nos imponen los pocos aún dispuestos a ayudarnos (y enriquecerse ya de paso a nuestra costa).

 

Así­ que la reforma de la constitución para evitar el endeudamiento es una bajada de pantalones ante europa, si. Que se antepondrán los pagos de la deuda externa a otros gastos estatales, si. Que la principal repercusión será en los gastos sociales, y que eso dará al traste con el estado del bienestar en España. Pues si.

Y en mi opinion que nos den por saco, que ya es hora. A ver si así­ volvemos a aprender lo que es trabajar duro, recuperamos el respeto por el emprendimiento, volvemos a darnos cuenta de que no pasa nada por mancharse las manos de barro y llenárselas de callos, recordamos como era eso de ahorrar y, ya de paso, aprendemos a votar mejor.

Mamá naturaleza, cuando sus hijos se comen el bosque sin control, los mata de hambre. El español, cuando se queda en la calle, pide una subvención.

De otro que está #hastalapolla ya

by Skiter on 20 mayo, 2010

Haciendo limpieza de archivos me encuentro este texto que no me habia leido y que no se de donde sale, pero denota que los ciudadanos ya estamos un poquito hartos de que nos traten por tontos, y ecima “pongamos la cama”. Asi que lo voy a usar un poco como continuación del que puse el otro dia:

Viví­s de mi dinero


Oscar Molina. Clases Medias.12 de diciembre 2009

Paso fuera de mi casa y lejos de mi familia una media mensual de 360 horas (15 dí­as completos), contribuyo al fisco con un 40% de mi salario; entre impuestos directos, indirectos, tasas obligatorias y demás gravámenes, trabajo más de la mitad del año para el Estado. Pago un colegio a mis hijos, mientras financio un sistema de educación pública; me dejo un turrón en una póliza de sanidad privada, pero abono religiosamente mi correspondiente diezmo para que muchos puedan tener cuidados médicos. De lo segundo no me quejo (a pesar de que nadie me lo reconozca) y de lo primero no me quejarí­a si no fuese porque la educación pública consiste en meter a los niños en fábricas de ignorantes donde sólo se hace hincapié en su adoctrinamiento en un conjunto de paridas sin sentido.

Muchos están peor que yo. Se levantan a las 6 de la mañana, vuelven a casa cuando sus hijos se van a la cama, conviven con la cotidiana amenaza de perder su trabajo y hacen encaje de bolillos para que el fruto de su sacrificio vital les permita llegar a fin de mes.

Y otros, de número creciente, están aún peor. Han perdido su trabajo y conservan escasas esperanzas de conseguir otro.

Todos, de alguna manera, ponemos un montón de dinero para que vosotros, que sois muchos, os alimentéis de nuestra pasta.

Porque vosotros, incompetentes ejecutivos de la nada, mediocres gobernantes de nuestro Estado central, viví­s de nuestro dinero. Sois parte un elefantiásico entramado de Ministros, Secretarios de Estado, Directores Generales, y parásitos varios que contáis con un ejército de asesores, viajáis en coche oficial y reserváis Clase Preferente en vuestros viajes privados, con mi dinero. A cambio, resultáis totalmente incapaces de resolver nuestros problemas, no garantizáis nuestra seguridad ni dentro ni fuera de España, no nos protegéis del desempleo, ni prestáis servicio alguno. Sólo se os ocurren normas para coartar nuestra libertad, para vigilarnos, atemorizarnos y decidir qué es bueno para nosotros. Tomáis posesión de nuestra vida pública, privada y de nuestro dinero para complicarnos la vida, y parí­s normativas orientadas a seguir siendo necesarios, a no permitirnos deshaceros de vosotros.

Por si fuese poco, inventáis problemas inexistentes, enfrentáis a la sociedad reabriendo debates cerrados, legisláis para cuatro, y tenéis la jeta de pagar un sueldo a majaderas de manual sin el menor sentido el ridí­culo que nos hablan de “acontecimientos planetarios”. Todo con mi dinero.

Vosotros, prebostes de alguno de los diecisiete gloriosos mini-estados autonómicos, también viví­s de mi pasta. Unos subidos a cuentos imposibles como la fábula de Aitor, otros mitificando a unos segadores de hace cuatrocientos años. Los demás, a rueda de éstos, os habéis montado un chiringuito de consejerí­as, direcciones, subdirecciones, patronatos, embajadas y demás máquinas de gastar. Con mi dinero, claro está. Usáis la pasta que yo gano trabajando para fomentar la insolidaridad y sembrar el odio a España; reclamáis la parte que vuestros inverosí­miles derechos históricos os adjudican para poder aumentar la pléyade de vuestros deudos, para comprar votos con empleos a dedo. Viví­s en la reivindicación permanente que haga andar a una bicicleta que se caerí­a si parara. Vosotros, garrapatas, no resistirí­ais el mí­nimo ejercicio de competencia para la obtención de un puesto de trabajo en el ámbito privado, vuestro único mérito es haber medrado en la estructura de un partido polí­tico. Y ahora, viví­s de mi dinero.

¿Y qué decir de vosotros? Sabandijas de los sindicatos de clase. Liberados del trabajo, la responsabilidad y el cumplimiento del deber. ¿Cuántos sois? Sólo en Madrid, 3200; sólo en Madrid vuestro chollo nos sale a los contribuyentes por 77 millones de euros. ¿Para qué? Para que tengáis el uniforme, el mono o la bata sin estrenar. Para que viváis de una novela en la que sois los únicos personajes, porque no representáis a nadie, sin acudir a vuestro puesto de trabajo. No tenéis afiliados, no defendéis nada, firmáis condiciones laborales de miedo para vuestros presuntos representados, cobráis un canon por los ERE´s, o lo que es lo mismo, sangráis al currito en concepto de “asesoramiento” cuando le ponen en la calle; os dedicáis a hacer polí­tica, calláis cuando miles de currantes pierden su empleo por no molestar a otros chupones de vuestra cuerda, y ejercéis la protesta asimétrica según quien gobierne. No valéis para nada, no arregláis nada, no solucionáis nada, no defendéis a nadie, algunos habéis conseguido llevar tan lejos vuestros tejemanejes que acabáis de directivos en vuestras empresas…y viví­s de mi pasta.

Y no me olvido de vosotros. Engreí­dos “creadores”, apoteósicos mediocres del arte presunto, vividores del mérito subvencionado y subvencionable. Vosotros también viví­s de mi pasta. Os señaláis la ceja para apoyar sin disimulo a quien os ha puesto en casa, alimentáis vuestra vida regalada de mis impuestos, y además me insultáis. Si no voto al partido que os gusta, podéis llamarme “hijo de puta”; si no comulgo con el Gobierno que os pone el pesebre pedí­s que se me encierre en un cinturón sanitario; si voto a quien no os mola, me llamáis asesino…todo eso después de que este hijo de puta, asesino y carne de sanidad progre os haya dado de comer con su dinero, a cambio de que produzcáis bodrios infumables que tratan de ganar una guerra 70 años después o que sólo sirven para que alguno pueda liberarse de sus complejos, algunos sexuales.

Habéis conseguido que todo hijo de vecino sea considerado delincuente preventivo y tenga que pagaros cada vez que se compra un teléfono móvil, una impresora, un ordenador…Habéis forzado la máquina de quien tanto os debe como para permitiros reclamar el tributo a quien se bautiza, hace la comunión, se casa o baila en la plaza del pueblo; cualquier dí­a nos sangraréis en nuestro entierro. Vosotros, bucaneros de la creación de medio pelo, no venderí­ais ni uno sólo de vuestros estofados en el mercado privado, no conseguirí­ais financiación ni para la décima parte de vuestras piltrafas. La inmensa mayorí­a de los que viví­s de mi contribución y de sirlarme, no serí­ais capaces de engañar a un inversor para que sufragase las medianí­as que nos colocáis. Viví­s del cuento, y encima os ponéis chulos mientras me metéis la mano en la cartera. Firmáis manifiestos para los que no tenéis la menor legitimidad ni altura moral, y os auto designáis como el “mundo de la cultura”; entregáis rosas por la Paz a los asesinos, os vestí­s de palestinos entre playa y casino, y no tenéis una puñetera palabra para los que cayeron muertos de un tiro en la nuca, sin poder oler esas rosas que entregabais, mientras pagaban vuestros saraos y se retrataban cada vez que compraban un CD.

Todos viví­s de mi pasta y sois muchos, cada vez más. Y nosotros cada vez menos.


Lo más jodido es que, a pesar de ser de diciembre del año pasado, sigue siendo igual de válido. Que triste por dios.

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