Hace tiempo escuché como uno de mis jefes de entonces comentaba un problema personal con un alto directivo de la multinacional de telecomunicaciones en la que trabajabamos. Era un caso de mobbin contra su pareja, y estaba dispuesto a llegar a las manos con el culpable para solucionarlo, pero el alto directivo le recomendó seguir la vía legal habitual, resolverlo judicialmente, y una vez “sacados los cuartos”, llamar a un conocido suyo que “solucionaría ese tipo de problemas” y le daría un escarmiento al acosador. Me asusté sólo de oirlo indirectamente.
El jueves pasado, un conocido empresario y bussines angel nacional escribía en su blog un artículo sobre “Selección de personal en startups“, con la habitual controversia y variopinta discusión en los comentarios, unos a favor y otros en contra de la visión del autor. Yo fui uno más de los que comentó, varias veces, una de ellas, respondiendo a otro comentario sin, quizas, demasiada elocuencia.
Como todo el mundo puede ver, en internet mi identidad o apodo es Skiter, o SkiterSkiterio, y si bien no soy ninguna clase de conspiranoico, no suelo comentar, publicar ni mostrarme en con mi nombre y apellidos real. Como digo, no soy excesivamente celoso, y estoy seguro de que más de una vez habré cruzado datos entre mi identidad real y mi identidad online, pero creo que relacionar ambas no es algo obvio ni rápido de encontrar, al menos para una inmensa mayoría de la gente.
Me llevé una sorpresa cuando, recibí en mi Facebook personal un mensaje directo del autor del artículo. Aún conociendo su experiencia, y sabiendo que habitualmente habla de reputación online y marca personal, me asusté un poco, ya que se había tomado la molestia de buscarme para comentarme expresamente que no le había gustado mi ultimo comentario en su blog (a parte de haberlo hecho ya expresamente en otro comentario más).

Hasta aquí, todo normal. Su tono era afable, así que amablemente le contesté y me disculpé con él. Incluso publiqué parte de la disculpa en su blog, como un comentario más, tal y como él me había solicitado en la conversación que mantuvimos por Facebook.
Mas tarde, por la noche, otro usuario (anónimo), hizo otro comentario en el blog, criticando bastante fuertemente al autor, rozando el límite de los insultos. En esta ocasión, el autor se defendió atacándole directamente con un comentario en el que, indirectamente, se me mencionaba:

Evidentemente, podría ser un farol o una chulería, pero conociendo el caso que comentaba al principio, y habiendo sido yo el que había recibido el mensaje directo en Facebook, las palabras “el siguiente email será a tu email personal“, “ya se donde vives” y “me acerco” suenan muy reales. Dan que pensar, ya que habitualmente oímos en las películas de gángsters, pero en la vida real del ciudadano de a pie, no van más allá de los chistes y las bromas.
Me parece increíble que aún hoy en día siga siendo moralmente tan sencillo, y prácticamente tan fácil en este pais y en esta cultura el saltarse algunas leyes, sólamente porque se tiene dinero y algunos contactos. Contesté a ese comentario, pero desde luego, creo que de ahora en adelante dejaré de pasar por ese blog y me tragaré mis principios y comentarios con ese tipo de personas de dudosa moral y desconocidos potenciales recursos maliciosos.
P.D.: por si alguien se da por aludido, con este escrito solamente pretendo comentar el asunto, y en ningún caso perjudicar o incrementar la mala fama nadie, razón por la cual no he mencionado expresamente en texto indexable por ningún navegador “al autor” original del blog (las imágenes, solo las reconocemos las personas, como sabréis). Cualquier referencia o enlace es la habitual documentación de un blog.