La naturaleza se equilibraba a si misma…
…hasta que el hombre inventó las subvenciones
A raíz de un vídeo que me ha llegado hoy vía los de “el estado del malestar” sobre la reciente reforma de la constitución en pro de las limitaciones del endeudamiento público, me ha vuelto a dar vueltas a la cabeza el cabreo y la vergüenza ajena nacional que siento. Somos un país de alfeñiques, niñatos y señoritos (y sus correspondientes femeninos), que nos hemos creído eso de “el estado del bienestar” como un derecho básico, cuando en realidad es, o debería ser, un premio añadido al esfuerzo y las buenas prácticas responsables.
Estamos mal acostumbrados a la protección social, a las subvenciones, a que papá estado nos saque las castañas del fuego con ayudas y, básicamente, dinero. A la hora de cobrar, todos ponemos la mano, pero para pagar, todos intentamos escaquearnos. Y así nos vá.
Estoy en contra de la reforma de la constitución realizada, porque no hacía falta, porque se debería haber hecho en referéndum, y porque las ansias y las prisas eran más de cara a la galería (franco-alemana) que de cara al pueblo y a los políticos, que seguro que se las terminan apañando para saltarse la norma.
Pero por otro lado, estoy completamente a favor. No podemos pretender que nos sigan prestando dinero si no damos muestras de confianza dignas de merecerse la confianza reciproca. A ver quien es el “majete” que invierte en un pais que no paga sus deudas, se endeuda más y más para pagarle una renta mensual a los vagos y los peleles, que no se esfuerza en hacer las cosas bien y, sobre todo, que no aprende ni a tortas.
Me pareció muy ilustrativo la explicación de la “Muerte y resurrección de Keynes“, donde se demuestra que dentro del ámbito del euro, regulados de forma conglomerada con el resto de paises de la UE, y bajo cirunstancias adversas como la actual crisis, nuestra única salida habría sido tener una producción fuerte y unos “ahorros” suficientes para aguantar el tirón. Pero no los tenemos. En épocas de bonanza no nos hemos preparado, como la cigarra y la hormiga (version “española“). Ahora o nos jodemos, o aceptamos las reglas que nos imponen los pocos aún dispuestos a ayudarnos (y enriquecerse ya de paso a nuestra costa).
Así que la reforma de la constitución para evitar el endeudamiento es una bajada de pantalones ante europa, si. Que se antepondrán los pagos de la deuda externa a otros gastos estatales, si. Que la principal repercusión será en los gastos sociales, y que eso dará al traste con el estado del bienestar en España. Pues si.
Y en mi opinion que nos den por saco, que ya es hora. A ver si así volvemos a aprender lo que es trabajar duro, recuperamos el respeto por el emprendimiento, volvemos a darnos cuenta de que no pasa nada por mancharse las manos de barro y llenárselas de callos, recordamos como era eso de ahorrar y, ya de paso, aprendemos a votar mejor.
Mamá naturaleza, cuando sus hijos se comen el bosque sin control, los mata de hambre. El español, cuando se queda en la calle, pide una subvención.










