Skitergia

Parametrizando el mundo



El Rub-Al-Kaaba de Monsieur de San-s Foy

by Skiter on 2 junio, 2011

El otro dia vi por internet un miting de Rubalcaba en Orense y hay dos aspectos de este hombre que soy incapaz de quitarme de la cabeza: la imitación que hizo José Mota, y el nombre metafórico que utilizó Monsieur de San-s Foy en su ” Dormí­a el rey don Rodriguez“.

Aunque son viejos ya, los pongo aqui de nuevo.

DORMIA EL REY DON RODRIGUEZ…

Dormí­a el rey don Rodrí­guez
acostado en la su cama:
La pierna izquierda encogida,
la diestra, más estirada.
(La otra pierna, la de enmedio,
es costumbre no mentalla)

Dormí­a plácidamente:
¡Hay que ver, lo que roncaba,
so la lana del embozo
de su manta zamorana!
La reyna doña Sonsoles,
que al su lado estaba echada,
roncaba un aria da capo
que ni la Marí­a Callas.

Y antes de que cante el gallo,
(que lo suele hacer al alba,
porque sepan las gallinas
quién les canta y quién les m anda)
con el rostro demudado,
¡don Rodrí­guez despertaba! :

-“¿Qué es aquesto? (diz el Rey)
¿Quién mi sueño sobresalta?

¡A mí­ la guardia moruna
del Ministro Rub-al-Kaaba!”

Avanz ando entre las sombras
que rodean la su cama,
va acercándose despacio,
con fulgores de ectoplasma,
la silueta de un espectro…
¡Vive Dios que miedo daba!

Entre nubes de sulfuro
y otras de canela en rama,
a los pies del rey Rodrí­guez,
el espectro da la cara:

Va vestido de uniforme,
calzón corto, con polainas…
Esparcidas por el pecho,
quien en ello se fijara,
no verá que lleve estrellas,
sino bujeros de bala.

LLeva gafas redonditas
-las que John Lennon llevara-
y así­… visto desde lejos,
se da un aire con Azaña.
Noble porte, talle recio,
cabellera ya entrecana…
Y quién es y a qué ha venido,
allí­ mesmo lo declara:

-“Yo me llamo Juan Rodrí­guez:
Soy tu abuelo… noramala.
Y aquí­ vengo por decirte
cuatro cosas a la cara

-“¿Tú, mi abuelo idolatrado,
el que Franco me matara?
¿Tú, la ví­ctima primera
de entre todas las de España? “

-” ¡Ese soy… y menos coba! “

-” ¡A mis brazos, camarada! “

-“¡Quita allá!… Menos abrazos,
que de mí­ no sabes nada:
Si supieras, no le harí­as
lo que estás haciendo a España”

-“Abuelito fusilado…
¿No será que estás de guasa?
¿No te dieron matarile
los del trapo rojigualda?
Pues que sepas que tu nieto
que por algo es el que m anda-
va a volver a la contienda

otra vez las dos Españas:
¡Y esta vez verás, abuelo…
que es la nuestra la que gana!
¡Una España progresista,

federal-republicana,
asimétrica y cubista
de la noche a la mañana!”

El abuelo fusilado
mí­rale y no dice nada.
Mí­rale muy fí­jamente,
con su cara de fantasma,
una cara que parece
que es de cera, por lo blanca…
Y por ella, mansamente,
una lágrima resbala
(que la cara, según dicen,
es el espejo del alma)

-“Ya son setenta los años
que llevo cri ando malvas
en el cielo del Olvido…
Y no sé lo que me pasa,
pero me llena de rabia
que mi muerte y la de tantos
no sirviera para nada…

Allí­ estamos a millares,
los que la guerra matara…
con su poquito de gloria,
con su poquito de infamia.
Padres, tí­os y sobrinos,
abuelos de media España.
Allí­, todos somos uno:
Ya no hay rojos, ya no hay fachas,
vencedores ni vencidos…
Sólo queda la enseñanza
de saber que el fanatismo
es quien miente y es quien mata.
Otros muertos más recientes
pueden dar de ello palabra…
(y no veo que por ellos
se te mueva pie ni pata)

Ese es todo mi mensaje,
mi mensaje de fantasma:
No nos metas a los muertos
de comparsas en tu causa.
No te cuides de los muertos…
cuí­date de los que matan,
los que han hecho de la muerte
su más próspera jugada.


Ahí­ te quedas, Rey Rodrí­guez…
Ahí­ te quedas en tu cama.
Yo me voy al otro barrio,
y allá tú con lo que hagas.

(FIN)

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